Decidí coger
piezas de mi vida, tales como piezas de puzzles diferentes desordenados y me di
cuenta de que faltaban varias, que no podía completar el puzzle. No así.
Me tomé un
tiempo para decidir qué hacer cuando no encuentras esas piezas básicas que te
completan, y ese tiempo, esas noches, esos pequeños ratos en los que yo misma
me veía rota, me hicieron ver que he sido un desorden, que puse piezas de mi
vida tiradas por ahí, que malgasté lo que tenía y que ahora que las perdí,
vuelvo a buscarlas, cargada de buenas intenciones, de ordenar una vida rota, de
reparar heridas, de ser lo que fui.
Dicen que
nunca es demasiado tarde, hasta que empieza a serlo.
El dolor
consume y somos nosotros en un desesperado deseo por vivir los que decidimos
arrojarlo todo junto con el dolor al vacío y buscar otras piezas diferentes,
que puedan completarnos, otras piezas, siempre distintas, pero que alivian el
vacío de las otras que ya perdidas es difícil volver a recuperar.
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