lunes, 22 de agosto de 2016

mind games

¿Alguna vez has confundido un sueño con la realidad? Yo sí.
A menudo eludía la fina línea divisoria que los separa; sin embargo, me creía más libre en sueños. Me perdía en la oscuridad y jugaba a abrir cientos de puertas que nunca me llevaron a otra parte. Desgraciadamente, con el tiempo empezó a convertirse en una sensación desagradable. Un estado de ansiedad y confusión permanente dónde sólo estaba yo haciéndome miles de preguntas: una tras otra. Recuerdo creer que estaba volviéndome loca e intenté por todos los medios justificarme con la imaginación.
Los días pasaban a medida que me hacía consciente del cambio irreversible que estaba sucediendo en mí. Algunos podrían decir que me estaba perdiendo a mí misma; otros, que intentaba encontrarme buscando en el lugar equivocado. Por aquel entonces yo apenas podía decir nada; mente y cuerpo funcionaban ajenos a mí sin poder hacer nada para remediarlo. Esto suponía otra estúpida división dicotómica: verdadero o falso, sueño o realidad, mente o cuerpo, bueno o malo. No eran realidades opuestas, y aunque formuladas como tal, colisionaban ocasionalmente haciéndose sólo uno.

F. detestaba todas mis preguntas sin respuesta, detestaba cuando le formulaba cuestiones ya resueltas en mi cabeza, detestaba mis dos mundos y otras muchas cosas más; nunca me lo dijo, hasta que empezó a detestarme a mí. Me importó durante un tiempo, quizá demasiado.
Solía decirme que hay personas que crean realidades nuevas donde acomodarse cuando las suyas son devastadoras en exceso; pero mi vida en los sueños no era mi zona de confort: era una especie de realidad difusa y grotesca dónde se me juzgaba y condenaba por todos mis crímenes. Los pasados, los presentes y quizá los que pudiera cometer en el futuro. Esos eran los peores: cómo si te mostrasen una situación futura cayendo en picado y desmoronándose. No contento con eso, no suponía sólo romperse en mil pedazos sin poder evitarlo, suponía su aproximación a una velocidad pasmosa. Eludir este hecho era igual de ridículo que intentar burlar la gravedad dando saltos con una sola pierna.

Tumbada ahora en la cama, pienso en todos aquellos que se vieron arrastrados por la marea, a todos los que abracé con piedras en los bolsillos planeando una caída. Pienso en descolgar el teléfono y quizá esperar cobardemente a que alguien coja mi llamada, para compartir así un silencio; compartir quizá, con un poco de suerte, algunas palabras cansadas, interrogativas acompañadas del susurro final que me devuelva a mi realidad.
Son las 4:00am; el aire se hace más y más espeso a medida que pasan las horas, persigo una luz intermitente por el pasillo, acariciando las paredes como si fueran lo único que queda, aferrándome en cada curva sigo el camino que dibuja el gotelé huyendo de lo que, minutos después, averigüé que se trataba de mi propia sombra. Una vez atrapada la luz entre mis manos sentí que estaba en esas situaciones dicotómicas del principio: las sentía cálidas pero toda yo tenía tanto frío que no pude articular palabra. De modo que esperé sentada, mirando a un vacío decorado con azulejos blancos. La espera se hizo eterna y la sangre secó en mis manos.

Desorientada tropecé con mis propios zapatos; lloré durante horas y me sequé la cara con las heridas de una noche que no recordaba. Es probable que nunca llegue a entenderlo, que no me acuerde de los gritos frente al espejo, los ojos teñidos de sangre cada vez más irritados, los labios hinchados, bañados en mucosidad y lágrimas, rojos como el carmín más caro, el pelo despeinado pegado a mi rostro. No habían voces, solo la mía. Solo yo gritándome una y otra vez; después de eso nada. 

domingo, 26 de junio de 2016

silent::

;; He vuelto a pasear por tus bosques, he sentido el latir intermitente de los abedules en otoño y he llorado cada una de las hojas que hemos perdido bajo los sauces. Aguarda, están durmiendo. Temo que el crujir de mis pisadas sobre las hojas les despierte; temo que el soplo de aire –huracán en otros cielos- se confunda con su aliento. Temo que disipe en la humedad y se pierda en el silencio. He sido sombra, silueta y espectro al fondo de algún pasillo. He acariciado los rostros más fríos y he trenzado cabellos creyéndolos raíces.

Estoy maldita-les escucho decir. Llega a mi cabeza como un susurro y se expande tumoralmente en mi pecho. La ceniza desinfecta mi sangre. He visto arder tus bosques y los míos, enemiga del fuego puedo verme reflejada en su angustia. Lo veo en cada intento de expansión, cada maniobra de escapismo, en su muerte tras una lucha interminable por la liberación. No soy yo aquella joven que temía a los corderos cada noche; yo temo su sosiego. También el silencio del galope de las ramas, el roce del río y la caída del agua no menos angustiada que el fuego: es asfixia.

Acaricio mis pechos ásperos como la corteza de cualquier árbol viejo y reparo en el hueco entre ellos: túmulo de tantos pájaros, abrigo y brote a su vez de todos los Lilium que finalmente, vienen a morir –no en mi pecho sino en mi vientre- alimentando a los insectos.

Nunca fui buena hija, tampoco fueron mis referentes quienes me hicieron mala madre. Amiga de los cuervos: críalos y te sacarán los ojos-me advirtieron. Las montañas tampoco me trataron bien, nunca las sentí mi hogar: las heridas son recordatorio y marca de lo que siempre fui: intrusa, forastera, una extraña.

Mi penitencia es divagar por los bosques, ser madre de los huérfanos, abrazar lo arcaico. Algún día volveré a lo alto de las montañas, cuando el eco de las voces por fin calle. Estoy maldita y estoy marcada. Pertenezco ahora a la tierra mojada, será el olor a madera cortada quien nos despierte del letargo: hemos vuelto a nacer.


sábado, 19 de marzo de 2016

dyehuty

''all we do is drive, all we do is think about the feelings that we hide; all we do is sit in silence waiting for a sign: sick and full of pride. all we do is drive''

Fluir, dejarte crecer, provocar o eludir el cambio; dejar que se instale en ti y temerle. Estoy aquí y sé que puedes notarlo. Fría los primeros meses, reticente con el tiempo: pero tranquila, pues esto nunca es cuenta atrás. El amor es cálido siempre y tú estás empezando a conocerlo: tus primeros pasos. Has caído mucho más y no te importa saber que vas a lamerte todas tus heridas. Ya no quieres ser la otra, y porque nunca te dejaron te has cansado de pedir permiso; de no saber quererte a solas. No te importa nada porque el amor es cálido y más cálida eres tú, que siempre tienes las manos frías. El eco está, pero las voces ya se fueron. Dejarte crecer en otros sabiendo que puede doler. Mudar la piel muerta; y saber que la soga no es un número sino una correa: inspira y espira porque por fin puedes. Eras sexo y sistematización pero ahora puedes no serlo. Todo aquello que no gusta y todas las veces que creíste que sí. Soy desnuda y lo soy leyendo un libro: ahora lo sabes. Eres tu voz y tu silencio, tus flores en el pelo; imitación de los almendros. Esa vez que miraste tus manos, cuando creíste que manchabas todo de negro: a veces asfixia. Si va demasiado rápido ansiedad. Eres bandera y lienzo; aliento y cambio.

::everybody knows me now::

jueves, 4 de febrero de 2016

x

al rozar tus manos las siento como el corte en un descuido con el papel
y me convenzo, que como este nunca me haríais daño
cuando sostienes piernas y rizas el cabello en tus dedos
y susurras esa melodía que avisa de cuándo es el momento
como si fuera yo uno de tus perros, o quizá un experimento
pero las sombras
el olor a viejo
el sonido de la madera
junto con el horror que sostiene estar callada cada vez que me derrumbo y caigo al suelo
pero tus manos , al rozarlas quiero mirarte
y no quiero sentir
.pero el miedo
,
 el miedo
porque acabar con una vida no hace dios a nadie, pero junto con el que cree
he desertado de mi libertad
canalla, cobarde y desertora
.no tengo fe
porque no hay juez
y no quisiera ser yo quien pusiera de nuevo entero mi ser, en las manos de otro hombre
si acaso este existiera
pues sería de manos sucias
)(
seguro
porque cómo no iba serlo  ,otro verdugo
porque cómo no iba serlo yo
tan estúpida y tan capaz de ser lo que quieres que sea
tan animal, y a la vez tan humana
el olor a viejo
-
y a sangre-
el color ocre de la madera
y por primera vez sombras y figuras extrañas fundiéndose en él
sea yo
,nunca más una sombra
pero sea
-


miércoles, 4 de noviembre de 2015

decay

Me he acostumbrado al incómodo sonido de las teclas del ordenador; éste que ni siquiera parece el sonido de un disparo, pero prefiero imaginar que lo es. No quiero derramar más tinta, llevo años perdiendo sangre. Este es el peor momento del día, el más irónico. Este es el momento en el que una pequeña parte de mí, más alta que ésta, que lleva horas, y muchos años ya disparando, se burla de mí una y otra vez. Y lo cierto es que está cerca, lo cierto es que pienso que podría hacerla callar si quisiera, pero aguardo. Aguardo porque es evidente que tiene razón.

Entonces decido que es mejor escuchar la voz de un extraño de fondo; qué demonios, decido que prefiero escuchar las voces de cientos. Antes de. Qué. El silencio es similar a una utopía; el silencio no existe. No sé si sigues sin entender por qué prefiero entonces el sonido incómodo de las teclas del ordenador: estoy literalmente matando al silencio. No puedo matar otras cosas; aunque me gustaría.

Los he visto. Están quienes dicen que todo lo que mi otra pequeña parte quiere decir, es triste; pero triste es no saber qué estás diciendo hasta que es demasiado tarde. Porque siempre es demasiado tarde para decir algo, o para callar cuando has dicho tanto. Cuando lo has dicho, y encima tarde. Las he escuchado; las voces. Decían que quizá no son disparos, pero causan el mismo impacto que cien mil balas. Ahora todos ellos están sangrando; pero yo puedo decir que los he visto.

Hay algo irremediablemente necesario y absurdo en conformarse; pero yo llevo horas huyendo. Me niego a conformarme con el trozo de papel pequeño. Necesito que alguien me lo cambie; quiero otro nuevo. He terminado de destrozarlo todo; sólo me falta cambiarlo de lugar. Probablemente también compre algunas flores, de plástico. Porque odio los cambios; las quiero marchitas siempre.

Marcharme puede que nunca fuese mi primera opción, pero alguien me enseñó que existen otras muchas tantas no del todo agradables. Marcharme de dónde y adónde. Con o sin propósito. Lo he dicho antes: este es el peor momento del día, el más irónico; el más frustrante. Y él creyéndose víctima de mis ataques; qué ataques.

El vapor de agua empieza a desfigurar mi rostro en el espejo, y todas las miles de gotas suspensas en el aire están quemándome. Y el puto grifo estropeado del cuarto de baño lleva un mes perdiendo; a la vez que voy yo ganando.


sábado, 31 de octubre de 2015

dust

Interferencias visuales distorsionan mi imagen, 
franjas intermitentes de luz verde dividen mi rostro en dos mitades
En conjunto nunca fuimos nada
Ahora mi voz se propaga como el murmullo de una radio estropeada
{Mis fantasmas nunca fueron los tuyos}

No dejes que te devoren los insectos, decían. 
Luego cría cuervos y di que no lo viste venir
No son pájaros en la cabeza, son buitres a punto de caer en picado
ya sabes
Caída libre y con las manos atadas


Cuerdas ligadas a otras cuerdas que de lejos asemejan telarañas
Tantos años aquí, poco a poco bajo tierra
y la lluvia ya no moja, sólo seca

Tanto polvo en las heridas, tantas putas grietas
inspira, espira, exhala

poco a poco y de tanto en tanto
me miro en el espejo;
toda yo desfigurada; ya no hay bordes que limiten mi cuerpo

He matado a alguien, no me reconozco
siete años de mala suerte
y la puta mala suerte va a ser tener que vivir tanto
para ver que día a día,
me hago más pequeña
que me he perdido tanto,

que no me encuentro

viernes, 31 de julio de 2015

corona de espinas, herida y sal


Piel con piel, me he acostumbrado a la percusión de tus latidos.
Las vísceras que asoma mi vientre no son sino esparto, que no escuece menos que una rosa
y tus brazos no son sino ramas, que simulan las astas de cualquier animal herido
Piel con piel, me sumo a ti en un abrazo y ahogo el agravio en un suspiro
no más fuerte que el de un niño
no más volátil esta carga, que dientes de león suspensos en el aire
Acostumbrada a dormir con los ojos entre-abiertos
y
la mirada perdida
no más perdida que yo

Enredarme las noches, evitar sucumbir a sus redes
mis sábanas blancas
Desproteger mis instintos, sentirme no menos animal que tú
no más humano que una serpiente.
Reptar por el asfalto
quemarme la piel. Lamer el sarpullido que envuelve mis rodillas. Someterme a tus apetencias
creerme convicto de tu homicidio, ser víctima de mi propia agresión
Desprenderme de este sostén que me mantiene
a tu fuerza, no la mía