Y esta vez busco sonrisas, ajenas. Sonrisas de gente que,
provoca la mía. Sonrisas sinceras, quizá no la más grande de las sonrisas, quizá
no una sonrisa permanente, quizá ni siquiera duradera, pero una sonrisa. Y me
aferro a ellas, sonrisas.
Quizá no la sonrisa que quiero, quizá un desconocido.
Quizá me volví egoísta para cubrir una necesidad, quizá
necesité sentirme bien y utilicé sus sonrisas para calmar mi ansiedad. Reacción
egoísta, placer mutuo.
Una felicidad que no me pertenece, una felicidad que
debería provocar por efecto rebote la mía, una felicidad ajena, plena de
sonrisas y llantos desconocidos, plena de abrazos, besos, sueños, deseos,
viajes lejanos o planes de un presente tan próximo como el afecto producido. Un
cúmulo de sentimientos reprimidos para mantener esa felicidad que aún ajena
añoras tanto. Añoras ser partícipe de ella, y ahora te toca a ti, te toca ser
la única partícipe de la tuya, reinventarte, reconstruirte, volver a crear.
Aunque siendo egoísta necesites esas sonrisas ajenas, esas miradas intensas,
esas fortalezas camufladas por dos brazos, esa pequeña llama de calor al darle
dos besos a un simple desconocido, ese vals en mitad de una lluvia, esos
cristales volando por los aires, queriendo ser aviones, volviendo a caer, para
volver a romperse, esas ventanas vacías, esa nieve ahora roja, esos vinilos,
esas casas abandonadas, esas bolsitas pequeñas llenas de.. ¿por qué no sugus de
colores? Cerradas por un lazo rojo color carmesí, esas tardes de domingo
cantando aquellas canciones antiguas que sonaban en la radio, ver una película
100 veces y repetir juntos el diálogo, tirar palomitas, jugar a inventarnos,
romper todas las páginas que no nos gusten de aquellos libros que guardábamos
en nuestra propia biblioteca, y guardarlas en lo más hondo de nuestro ser,
creernos poesía, tumbarnos bajo un árbol, decir que el café es mejor cuando nos
sabe amargo, y que te suena el color de mis ojos porque ayer viste por primera
vez el mar, hablar hasta quedarnos en un sin-sentido mutuo, jugar con la arena,
pintar una habitación vacía, subirnos a la montaña más alta que veamos y
creernos los únicos en el mundo, capaces de todo, y que empiece a llover, y
solo bajo la lluvia reír, sin motivo, sólo reír, porque no te lo esperabas,
porque eres feliz, porque has esperado tanto tiempo, porque no te importa reír
en este momento, no te importa salir a la calle con una sonrisa en la cara, una
sonrisa de verdad, no de las que se inventan, no de esas mentales, una sonrisa
que contagie al más tonto que pase por al lado, tu propia sonrisa acompañada de
tu mirada azul, verde, color café, o quizá de tonos que no sé describir,
provocar un silencio para después romperlo. Creer que vivir es un invento de
quienes están muertos, y decidir justo en este momento, parar el tiempo.
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