lunes, 25 de marzo de 2013

No quiero pensar en Madrid.

Tratando de dibujar con tus dedos desde la ventanilla del coche, a cada una de las personas que corren ajetreadas por las calles, con maletas o bolsos, el pelo en sus caras y mirada de ahogo. A las que paradas, miran el reloj, desespero, decepción o quizá ansia.

Los que se reencuentran plasmando su amor en un abrazo, la impersonalidad de los dos besos; calidez en tus mejillas, marcas rojas, labios color carmesí. Despedidas mirando el minutero, abrazos de horas, infinidad de segundos. Un adiós con las manos, una mirada eterna, duradera tras los años, recuerdos encerrados.
Años tras años, intentando escapar de sus paredes, grises, intentando enfrentarse al mundo, pesado de sentimientos que te hunden, te empujan, te hacen vivir rápido, y consumen tu tiempo, lo restan a segundos.

Pérdida en cada tic tac, ganancia en cada acto que con esfuerzo intenta destacar. Cuidado, un par de pasos más y todo estará olvidado, todo serán recuerdos, felices o amargos, que se mantienen vivos flotando en tu cabeza, como una nube algo desordenada, esperando las manos y la paciencia de quién es capaz de traerte el mundo, con tan sólo un suspiro.

ni en su reloj.

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