Recuerdo el tacto de su fría mano, recuerdo que evité mirarle a los ojos, el miedo y la inseguridad me podían. Y aun así, le confié mi mano como quién confía su tesoro más preciado.
Cada paso, una incertidumbre más. Y todavía tengo el sonido
de su voz y esa pregunta clavados en mi mente, me confié a un extraño.
Todo me resultaba extraño, y sin embargo yo, miraba mis
manos arrugadas y pensaba que sin saber como ni por qué, estas arrugas no
significaban sólo una cantidad, mis arrugas no se contaban en años, todo lo que
veía eran experiencias. Cicatrices cerradas de una vida que ni siquiera podía
recordar.
Ni siquiera sé cuanto durarán estos recuerdos, quizá mañana
esas frias manos nunca existieron. Solo recordamos lo que nunca sucedió.
No hay comentarios:
Publicar un comentario