jueves, 30 de mayo de 2013

SSDE.

Y allí estábamos, sin escucharnos a nosotros mismos, impacientes y nerviosos, esperando que surgiera la magia.

Esperábamos miradas y sonrisas, sonidos que pudieran hacernos viajar a otras dimensiones en las que quizá, estábamos ahí, solos. Y realmente sentía que por mucha gente que hubiera solo tú y yo importábamos, porque ese día fui, y porque ese día soy.
Aún soy, y siempre seré.

Ese día me di cuenta de que era demasiado feliz como para preocuparme, y aun así, nada me importaba, ningún rechazo podía arrebatarme mi sonrisa, ninguna palabra podía hacer que me derrumbara, que dejara de ser feliz como lo era, y aun con todo, arriesgándome al fracaso, lo intenté, y solo por intentarlo, fue que gané.

Gané todos los meses que había perdido, todas las sonrisas que había escondido, todos los enfados se esfumaron y quedó en mi memoria el vivo recuerdo del ayer, en forma de sonrisa. Una sonrisa que quise compartir.

Ese día crecí, di un paso más, un paso que necesitaba, cargado de decisiones que no me importó afrontar, decisiones que decidí tapar con una venda, entregándome a mis actos, sin miedo al eco de la respuesta. Me di cuenta de cuanto valía, de cuanto era, me di cuenta de que, vale la pena vivir noches de angustia, si en el camino aún encuentras la posibilidad de ser feliz, aunque sean solo, un par de segundos.

Y por mil veces que lo agradezca, nunca serían suficientes. Sin embargo, tú, con una sonrisa ya lo dices todo, quizá sobran las palabras, quizá lo que nos une es esa noche eterna, que repetiría mil y una vez.


Siempre a su lado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario