¿Qué diferencia hay entre correr y caminar?
¿Es velocidad?
No, estoy seguro de que no. Se puede caminar rápido y también
se puede correr con lentitud.
¡No! No es eso.
Acabo de salir a la calle… He corrido y he caminado, rápida
y lentamente. Entonces me he dado cuenta: cuando camino, siempre uno de mis
pies está en contacto con el suelo. ¡Siempre! Cuando corro, hay un momento, un
instante, en que estoy en el aire, sin ningún contacto con la tierra.
Esto me aclara por qué el riesgo de caer es mayor cuando
corro.
No quiero correr, quiero caminar.
-¿Caminar? ¿Hacia dónde?
-Hacia delante.
¿Dónde es ‘‘adelante’’?
-No lo sé. Adelante es hacia donde voy.
-¿Cómo? ¿Retroceder no existe?
-No. Hoy creo que no.’’
Creo que he pasado demasiado tiempo corriendo.
Que pasamos, todos, demasiado tiempo corriendo, levantando
los pies del suelo, sin mirar lo que dejamos atrás, sin mirar lo que pisamos y
dónde lo hacemos, sin mirar si quiera hacia delante, ciegos.
Y al fin, caer. Tropezarse, y a veces de tan ciegos que
estuvimos, no vemos el por qué de la caída. No vemos nuestro por qué.
Queremos ir más rápido de lo que podemos, queremos burlar caídas
y tropiezos aun flotando, queremos llegar a tiempo, creemos que nos falta y por
eso corremos, aun pudiendo caminar. Pudiendo observar el camino que pisamos, y
sin miedo a perder un segundo cuando creemos necesario mirar atrás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario