Es como cuando te recuerdo abriendo el cajón de tu mesita,
justo en el lado derecho de la cama. La ventana o la puerta, me obligaste a
decidir.
Obviamente, decidí la ventana, aunque ninguna de las
opciones me hacía especial ilusión. Como cuando te recuerdo en aquel parque
grabándome mientras llovía y empujabas aquel columpio que nunca dejó de
gustarme. Me recuerdo preguntándote porqué cuando llueve, la gente huye a sus
casas, vacían las calles y hacen que nada, pueda ser todo para alguien. La
cuestión es porqué corren evitando mojarse, y no corren evitando que las gotas
les calen antes de llegar a… No sé, dímelo tú. Nuestras carreras no tenían fin,
porque tampoco tenían principio, ni punto de encuentro, ni nada, corría por
correr. Corría y punto, simplemente arrancaba, el pelo me tapaba la cara, y me
reía, tanto, que no llegaba ni a la esquina dónde siempre te esperaba los
viernes por la tarde. Sí, ya lo sé, no recuerdas esa esquina. Yo tampoco. Lo
cierto es.. que volviendo al cajón, la imagen siempre era la misma, lo abrías,
sacabas una libreta, anotabas un número, o una palabra y lo volvías a guardar. Yo
nunca decía nada, pero siempre me preguntaba por qué cerrabas el maldito cajón
como si la madera pudiera sentir algo.
No sé cuanto tiempo llevamos juntos, pero deberías estar
orgulloso de mí. Antes de que preguntes, la respuesta es fácil. Sigo cambiando
el color estúpidamente cuando me dices cualquier cosa que me parece adorable, y
sigo intentando esconderme inútilmente mirando justo hacia el lado contrario.
En el fondo me encanta, me encanto. Supongo que de eso tienes la culpa tú, pues
las miradas al espejo desde que estoy contigo han incrementado hasta alcanzar
un alto porcentaje, del que no tengo ni la más puta idea.
También me comprabas cientos de cosas, algunas inútiles, la
mayoría por capricho mío, o por capricho tuyo. Yo soñaba con atrapar los malos
sueños y guardarlos en una caja, grande, a ser posible. Y así empecé a pensar
en las cosas más importantes para mí y llegué a la conclusión de que no caben
en una caja, ni grande ni pequeña. Pero supongo que en ti si que caben y por
eso te guardo conmigo.
Y te recuerdo sacando esa libretita, porque es justo lo que
todavía no ha sucedido, pero es como cuando sucede, escribirlo, y acostumbrarme
a la rutina de vivir cada minuto contigo.
[Estúpidas fechas intentando programarnos, ordenarnos, recordarnos. Ya, ya lo sé, hoy no es uno de septiembre, pero sabes que para mí, como si siempre lo fuera]
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