Incluso la rutina es más
interesante que escuchar música country.
Que si me despertaras de
mañana con guitarra en mano y ventana abierta, sería estúpido dejarte entrar y
que hicieras de la vida primavera, o una canción de country aburrida, de estas
de amor imposible, o rupturas imprevistas. Que no. Prefiero la monotonía del
café amargo, a tenerte cada mañana como un virus de los que nadie vende medicina;
sí, amor. Como las alergias que producen cientos de flores preciosas, en ojos
llorosos, irritados, rojos, cansados de tanta canción con principio triste y
final de película. De esas que no cuentan segunda parte, de esas que no conocen
el polvo de después, de las que hacen el amor despacio por miedo a hacerse
daño.
Qué sabrán de dolor, si
viven su vida pegados a una taza de té, o café, ya da igual. Qué sabrán de
dolor, si nunca nadie les arrojó el contenido ardiendo a la cara.
Qué sabrán de dolor si..
No, no saben. No saben lo
placentero de jugar a romper botones de ansia, no conocen que el invierno se
vive mejor piel con piel, y no pegados a televisiones que venden películas
estereotipadas, que venden el amor como si fuera cuestión de esperar todo un año
para vivir el invierno encerrados bajo mantas de piel y palomitas. Dos cuerpos
y ya está, sin ánimo de sentirse vivos.
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