domingo, 22 de diciembre de 2013

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Incluso la rutina es más interesante que escuchar música country.

Que si me despertaras de mañana con guitarra en mano y ventana abierta, sería estúpido dejarte entrar y que hicieras de la vida primavera, o una canción de country aburrida, de estas de amor imposible, o rupturas imprevistas. Que no. Prefiero la monotonía del café amargo, a tenerte cada mañana como un virus de los que nadie vende medicina; sí, amor. Como las alergias que producen cientos de flores preciosas, en ojos llorosos, irritados, rojos, cansados de tanta canción con principio triste y final de película. De esas que no cuentan segunda parte, de esas que no conocen el polvo de después, de las que hacen el amor despacio por miedo a hacerse daño.
Qué sabrán de dolor, si viven su vida pegados a una taza de té, o café, ya da igual. Qué sabrán de dolor, si nunca nadie les arrojó el contenido ardiendo a la cara.

Qué sabrán de dolor si..

No, no saben. No saben lo placentero de jugar a romper botones de ansia, no conocen que el invierno se vive mejor piel con piel, y no pegados a televisiones que venden películas estereotipadas, que venden el amor como si fuera cuestión de esperar todo un año para vivir el invierno encerrados bajo mantas de piel y palomitas. Dos cuerpos y ya está, sin ánimo de sentirse vivos.



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