A todas mis
debilidades
Qué estamos haciendo mal cuando se nos imponen
sonrisas que no son como las del resto. Que están a mitad, e incluso
invertidas. Pero nos gustan, nos atraen como atrae la primavera a los insectos,
como nos atrae el aroma de un libro abierto y antiguo. Nos atrae como la
música, como la voz que no dejarías de escuchar en décadas, como la lista de
reproducción más triste que hemos escuchado; nos atrae. No sé. Quizá porque
todo se ve muy frágil entonces, porque estamos habituados y porque somos
capaces de doler, y de sangrar mares que nos ahogan dentro. Pero no somos
débiles, aunque tengamos debilidades, aunque amemos a personas, aunque
existamos. No somos débiles, lo juro. Sólo somos humanos, o al menos estamos
intentándolo. Yo sé que cuesta, pero sabes.. es posible sonreír hasta en tus
infiernos, hasta en los de él, qué sé yo; no es imposible.
Puede ser, a veces necesitamos ser valientes, y el
coraje escasea cuando miles de cosas están a ras del suelo y no tenemos tiempo
ni fuerzas para recoger los pedazos pero, podemos ser nosotros mismos, con
nuestras debilidades y nuestros miedos, con nuestras sonrisas.. y las del
resto. Qué maravilloso es el resto a veces, qué nos dan, qué es tan fuerte que
nos hace olvidar; no sé. Pero he visto gente enfrentándose a miedos por mí, y
ni siquiera digo que esté bien, pero nos permiten respirar. Y todo suma, sabes.
Entonces compartimos algo, aunque sólo sea un instante, un respiro, aunque sólo
sea una mirada de complicidad.. compartimos algo y eso es innegable, y eso está
ahí. No sé, tú estás ahí y eres gigante porque siempre vamos a compartir algo,
aunque se redacte en otros tiempos verbales, aunque no quede nada, aunque nos
engañemos, aunque todo pase, y todo lo que pase, pese; eso está ahí.
A todas mis debilidades, que no son las tuyas, ni
las de él, ni las de nadie; que tengo que combatirlas sola pero sé que tengo a
alguien.
Ya sabes, cuando nos falte el aire.
[para Andrea Solivella;
sastre de muchas sonrisas]
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