Qué hay de malo en no querer cerrar heridas. Qué hay de malo
en querer arrancarnos la cabeza y volarnos el corazón a palos de ciego. Nos están
engañando, y nosotros nos estamos creyendo inmortales, cuando la diferencia sólo
queda en una letra dónde atarnos. Cuando creemos que el amor está en las veces
que te piensa, o en las veces que se olvida a sí mismo por recordarte un poco más
a ti. Cuando volcamos lo que tenemos, en cada detalle de una persona y queremos
recibir un trato equiparable a nuestro error. Cómo no vamos a querer volver atrás
en el tiempo, si escuchamos la misma canción durante horas, y meses más tarde,
nos sigue doliendo. Cómo no vamos a hacernos daño, si queremos anclarnos a
barcos que van a la deriva, e intentamos cambiar su rumbo en sólo dos días. Si nos rendimos. Cómo
no vamos a ser idiotas, si odiamos lo propio por envidiar un poco más lo ajeno.
Cómo no vamos a serlo, si detrás de cada fallo tú mismo colocas el cuello. Si
hay cuarenta y cinco grados de diferencia entre la intención y lo propuesto; si
a veces eres tú quién provoca tropiezos.Y esperas, cómo idiota, el remedio, de
ver a otros llorar sin llegar a tiempo. Por no llegar a tiempo.
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