-Maybe I know, somewhere deep in my soul that love never lasts.-
Hemos cambiado tanto, la apatía por el alcohol, nos hemos
tirado noches enteras prometiéndole a la botella y a nosotros mismos,
-borrachos- que no hay dolor. A ti te cambié por unas cuantas cicatrices y poco
a poco la soledad vino sola como intrusa y se sentó a mi lado mientras eran mis
manos las que acariciaban mi pelo e intentaba perder la estúpida manía de
apoyar mi cabeza en tu hombro. Intentaba perder las costumbres porque me había
acostumbrado a estar de madrugada más contigo que conmigo, sin espacio para los
dos. He cambiado el hambre por la sed y la ansiedad por el respiro. No me he
mudado, y sigo siendo la misma que no necesita una estúpida escusa para beber
un martes, o llorarte un domingo. Siento que me voy, que me he ido contigo. E
intento volver por muy borroso que encuentre el camino; ahora he cambiado las
prisas por la paciencia y me he dado cuenta de que me sobra tanto tiempo como
mío te has llevado. Pero no me preocupo, porque te he cambiado por un par de
cicatrices y la soledad de mi lado. He dejado que otras personas de diferentes
sexos entraran por la puerta con la facilidad con la que más tarde se fueron.
He dejado que otras personas acariciasen mis cicatrices con la confianza de que
no meterían el dedo luego; pero lo hicieron. Confío. A veces no es mejor así,
simplemente sucede y no hay valor para remediarlo porque he cambiado muchas
cosas, pero sigo siendo la misma que se abre cada noche las cicatrices
confiando que algún día todo deje de doler.
No hay comentarios:
Publicar un comentario