domingo, 27 de julio de 2014

Rehacer

No sé por qué tenéis esa estúpida necesidad de ser queridos, si nunca vais a conseguir lo más importante, quereros a vosotros mismos. Hace unas semanas creía que el amor era una mierda, o que alguien se había equivocado al definirlo; aunque también es cierto que otros dicen que no se puede. En realidad, es un poco más complicado que todo esto. No puedo disfrutar las cosas, o al menos no desde vuestro método conceptual de calificarlo todo. ¿Creéis que no lo sé? La gente, por lo general, no quiere tropezarse con personas tristes, critican a artistas que no saben dibujar sonrisas y nos culpan a nosotros por no saber apretar los dientes y esbozar un intento que ni el más idiota calificaría de real. Sin embargo, no puedo quejarme, porque obviamente hay gente mucho peor que yo; aunque –obviamente- nadie se atreve a preguntar cual es la causa, o el motivo por el que no me apetece apretar los dientes y fingir que la tierra es plana para no preocupar al resto, porque como os he dicho, la gente por lo general, no quiere tropezarse con personas tristes. Y te prohíben la rabia porque 'ellos saben qué es sano y tú no estás viendo las cosas con claridad'. Y nos dicen que no es para tanto, que ya pasará, como si vivir en un destrozo fuera a recomponer algo, o a alguien. Y soportamos la arrogancia de los que no guardan decepciones bajo toda la mierda que nos compone porque ya nada nos sorprende, habituados al desgaste y a tener la mirada perdida de quien busca a alguien que lo equilibre en este mundo de locos. Hace unas semanas creía que el amor era una mierda, o que alguien había robado la palabra confianza y se había dedicado a dispararle en cada sílaba con dudas e inseguridad; pero ya no. No puedo disfrutar las cosas, pero sigo teniendo esa estúpida necesidad de ser querida y querer, porque todavía no he conseguido quererme a mí como principal y al resto como complemento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario