sábado, 15 de noviembre de 2014

Still dead

Probablemente, algún día te escriba por la espalda las cosas que no supe decirte en voz alta, a la cara. Es posible, que se derrame más tinta en mis versos, que sangre en tus guerras; y que nos curemos con sal las heridas que aún siguen abiertas.  

Del invierno, me quedo con las grietas en los labios, la piel pálida, una herida en las manos. Aprendí a perder un Diciembre, lo que ya había perdido en Septiembre. Y así fue que no tuve más remedio que poner la soga en mi vientre por todas las veces que grité ‘no’, y sin embargo, no lo dije. Que lo entienda quien sea tan cobarde de amar a otro. Las sogas en el cuello son para los que se amaron a sí mismos-y no les gustó-.

Del otoño me quedo con su primavera muerta. Yo solía deshojar flores por mí, hasta que me deshojaron ellas en mi tumba. Ahora estás tú y ojalá supiera descifrar-me en todos los idiomas; que contigo me muero, pero sin ti no quiero. Vivir. De piedra, para desgastarse en arena y escocer.


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