viernes, 31 de julio de 2015

corona de espinas, herida y sal


Piel con piel, me he acostumbrado a la percusión de tus latidos.
Las vísceras que asoma mi vientre no son sino esparto, que no escuece menos que una rosa
y tus brazos no son sino ramas, que simulan las astas de cualquier animal herido
Piel con piel, me sumo a ti en un abrazo y ahogo el agravio en un suspiro
no más fuerte que el de un niño
no más volátil esta carga, que dientes de león suspensos en el aire
Acostumbrada a dormir con los ojos entre-abiertos
y
la mirada perdida
no más perdida que yo

Enredarme las noches, evitar sucumbir a sus redes
mis sábanas blancas
Desproteger mis instintos, sentirme no menos animal que tú
no más humano que una serpiente.
Reptar por el asfalto
quemarme la piel. Lamer el sarpullido que envuelve mis rodillas. Someterme a tus apetencias
creerme convicto de tu homicidio, ser víctima de mi propia agresión
Desprenderme de este sostén que me mantiene
a tu fuerza, no la mía




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