domingo, 20 de enero de 2013

Chica nº 41.

Me hace gracia este título, probablemente sólo una persona podría entenderlo, pero visto que soy demasiado obvia, pongámosle al asunto 2.
2 personas y yo vengo a hablar de una de ellas.

Recuerdo la noche que escribió eso, recuerdo dónde estaba yo, dónde y cómo lo leí. Recuerdo qué pensé e incluso qué dije. Recuerdo qué fue lo que hice después, y recuerdo aquella entrada. Lo recuerdo todo.
Recuerdo las primeras miradas, los primeros abrazos, las primeras propuestas, los primeros fracasos, su simpatía infinita y mi absurdo rechazo.
Noches, hablando de lo que sea. Días, miradas incómodas en pasillos que hoy, están vacíos. Relación intermitente protagonizada por dos desconocidos.
Y si nos veíamos por la calle, ni siquiera saludábamos, solo un cruce de miradas lejanas, que terminaba en un sonrojo para mí.
Y ni siquiera sé cómo pasó, ni cuando. No recuerdo el momento exacto en el que volvió. Recuerdo que lo eché de menos, y ni siquiera sé si él se acordaba de mí. Palabras vacías y respuestas cortas. Petición en forma de detalle, y tan solo unos pocos a quién enseñar lo que escribía. Su pequeña poeta. Sigo siendo pequeña, pero poeta, nunca fui una poeta.
Lamento todas aquellas propuestas que rechacé por desconfianza, lamento todo ese tiempo que no aproveché. Pero a pesar de todo eso, creo que nuestras vidas estaban unidas, porque.. ¿cómo sino, después de todo, de lo diferentes que eran nuestras vidas y de lo lejos que quedó, hemos llegado hasta aquí?
Quizá aquí acaba el capítulo, pero a mí aún me queda tinta y pienso utilizarla.
Locura, reemplacé la vergüenza por la locura. Es que.. joder.
Y de cómo dos pequeñas personas él se convirtió en mi todo. En mi persona, en mi vida. La única que sabía encontrarme, y ahora ha hecho que me pierda. Y no puedo, no puedo encontrarme porque no sé. Porque vivo atada a los recuerdos, pero la única diferencia es que esta vez son los mejores recuerdos de mi vida los que hacen que siga en pie. Las personas cambian, las vidas también.
Todo cambia. Y esto, ha cambiado. Es obvio, para bien o para mal, ya nada es lo mismo. Pero cuesta asimilarlo. Un error, uno detrás de otro, para una mente compleja que confió demasiado en la paciencia. Pero después de todo volví, volví porque me di cuenta de lo que verdaderamente quería, y joder, volví con la confianza de que aún estuvieran ahí para mí. Ilusa, ingenua, idiota, estúpida.
Nunca entenderé como pude serlo todo para una persona, todo. Nunca olvidaré el sentimiento que eso me producía, la sonrisa inmediata, la certeza de haberle ganado el pulso a la soledad, de haberla dejado en la estacada.
Nadie quiere abandonar, pero aun así lo hacemos. No pienso fallar a mi promesa, no quiero.
Promesas en las que me excuso, promesas que son el impulso y la otra cara que escondo para quién no sepa qué necesito.
Ahora todo será un simple sonido, un animal, una simple caja vacía, sólo será agua, unas cartas que quemar, unos libros que olvidar, canciones que borrar, melodías que apartar de mi mente para no caer en el más profundo y sumiso suicidio personal. Todo esto partiendo del adiós.
Me niego a algo así. Pero no, sigo sin rendirme, aún diciendo que ya lo he hecho cientos de veces. Sigo aquí. Viviendo mi vida, quizá no de la mejor manera, pero la vivo. Sonrío, grito, lloro, río, canto y escribo. Prometo. Aún prometiéndome que nunca más volvería a creer en una promesa por muy irónico que pareciera.
Ahora es lo que necesito, una promesa, una simple promesa a la que aferrarme. Juro que no pensaré en si es cumplida o no, juro que dejaré atrás el orgullo, el rencor, juro que lo lanzaré todo a las sombras del olvido.
Puede que ya esté loca, pero aún no hay nada que lo demuestre y dije hasta el último día de cordura que me quede. Ya podéis ir trayéndome las camisas de fuerza.


-Meow.

Me moriré de ganas de decirte, que te voy a echar de menos.
Solo unos pocos más, mi querido Schindler.

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