(...) Últimamente siento, que todas nuestras acciones siguen un
guión que mantener, que nuestros comportamientos no son sentidos, sino
concienciados.
Le atribuimos a una persona, la frivolidad por el silencio.
Y actuamos todos en cuestión de nuestros miedos y apariencias, nos convertimos
en seres que aspiran a conseguir grandes regalos para grandes personas, y no
pensamos que las grandes personas, son los mayores regalos. Nos sobornamos
entre nosotros a base de condiciones, y lo que más escasea es la sinceridad, la
confianza.
Creemos, que discutir puede ser malo y sin embargo, decimos
que para avanzar hay que caer. No somos conscientes de que algunas veces merece
la pena caer mil veces y levantarte una, que acostumbrarse a no caer, y luego
no saber levantarse.
Somos compasivos con nosotros mismos, y aunque todo el mundo
paga, pocos se arrepienten. Hasta hace poco creía que se puede vivir una vida
sin arrepentimientos, pero quizá arrepentirse no conduce al eterno sufrimiento
de estar estancado en lo que ya ha pasado. A veces, y me atrevo a decir que en
mi caso, sirve para aprender de lo que ya has hecho, aunque muy probablemente,
volvamos a caer en lo mismo, una y otra vez.
La vida pasa… la vida pasa mientras miramos el daño que nos
han hecho, y no sentimos el que hemos podido causar. (...)
Porque hemos aprendido a pensar, razonamos, y somos
realmente inteligentes. Pero a la vez, hemos dejado de sentir, hemos dejado de
confiar, y atribuimos la compasión a la debilidad, queremos ser fuertes, y no
nos damos cuenta de que ser fuerte, no implica dejar de sentir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario