Y así es la vida, un día dejas de creer en primaveras, dejas
de tener nidos de pájaros en la cabeza, y decides ser como el otoño.
Sí, justo eso, un árbol.
Pero sin nidos, ya has llevado mucho peso sobre los hombros,
es hora de mudar, y de enmudecer también.
Pierdes trocitos, a veces incluso te permites regalarlos, y
poquito a poco vuelves a ser alguien nuevo, justo al llegar el invierno. En el
que te das cuenta, de que abrazar no sirve de nada cuando el único invierno que
existe está en tu piel.
¿Por qué no te abrazas? Si dices que te quieres, demuéstralo.
Abrázate, bésate, cúrate la piel cuando las grietas en invierno sangren.
Cálidos.
Pero sólo en colores, las estaciones me gustan húmedas, y
frías.
¡Qué contradictorio!
Eso sí, vamos a olvidarnos de las bolas de nieve sólo un
momento y pensemos en paredes blancas.
¿No sería genial, poder colorear(nos)?
Pues a eso me refiero, a que te quieras hoy un poquito, a ti
y a la otra.
Me refiero a que no tengas miedo de deshojar(te) en otoño y
de congelar(te) en invierno. A que pases los veranos entre faldas y atardeceres
despejados, y deja las primaveras para las flores, y los nidos.
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