jueves, 7 de noviembre de 2013

Even every prison has an open door.

Te considero una artista, Lucía.
Considero que cualquier persona que se precie lo es, aunque algunos hayan olvidado como serlo. Sé que nunca voy a llegar a conocerte, o que quizá nunca sepa si ese es tu verdadero nombre, o cual te corresponde, pero si tuviera que describirte sólo con palabras serías un poco de todo, y un mucho de nada. Aunque a veces, te dejas llevar y olvidas qué has sido y qué quieres ser. Te he escuchado decirle a otras vidas -artistas, como tú- que quieres cambiar a muchas otras más; aunque eso sea implicarse demasiado. Y aunque demasiado nunca fuese tu palabra favorita.
Has tardado años en aprender a querer de una manera consciente.
Has hecho daño, y lo sabes. Has mirado con los ojos de quién no conoce y también con los de quién no quiere conocer; y aún así, mírate. Sal ahora por el pasillo y corre hacia el baño como has hecho cientos de veces llorando. Pero esta vez, sonríe.
Deja de jurar que no vas a volver a confiar en quién más daño te ha hecho y admite que por mucho tiempo que pase, lo que ha estado vivo de verdad, nunca muere.
Has hecho muchos planes para uno, y eso no quiere decir que no pueda haber un dos. Has conocido gente que para bien o para mal te ha dejado ver un trocito de su vida, y eso te ha hecho crecer, aprender, valorar.

Yo creo que somos artistas y libros a la vez, y a veces esperamos a que alguien nos encuentre en una biblioteca y nos desnude o nos abrace, o nos jure un ‘toda la vida’. Esperamos que nos lea y nos dejamos leer. Y dejamos que nos escriban a la vez que atrapamos esa vida que ha decidido encontrarnos. ¿Y tú Lucía, cuántas vidas llevas ya? Creo que llevas tantas vidas como miedos, y que es hora de dejar de temer ya. Aún así, admito que me encanta cuando corres hacia el espejo, de nuevo, y te miras sonriendo e incluso llorando de felicidad porque por primera vez en tu vida las cosas te salen de ese modo que tanto te gusta. Por primera vez te sientes orgullosa de ti y no te importa si alguien más comparte eso. Aunque no me veas, yo siempre lo comparto contigo. Y aunque no sea la primera vez que ocurre, para mí cada vez, es siempre tan preciosa como única.

Ahora, has tomado esta decisión, -aunque cada día tomes cientas, todavía no entiendo porqué a algunas les das más importancia- la de desprenderte de tus malos hábitos. La de desaprender algo tan importante como pueda ser querer a una persona. Tu decisión no basa en coger trenes que te lleven lejos, porque has aprendido a cerrar los ojos. Has aprendido a crear mundos.

Por último, quería recordarte que aprecio tu constancia, y tu manera de ser capaz de hablar conmigo de esta manera tan directa aunque irónica; pues a veces, no sólo necesitamos que nos recuerden todas las veces que tropezamos. Yo sé, que a veces tú, necesitas que alguien te diga que estás haciendo algo bien.


Tú, que no quieres que te quieran, solo quieres que te abracen.

VII

No hay comentarios:

Publicar un comentario