Te considero una artista, Lucía.
Considero que cualquier persona que se precie lo es, aunque
algunos hayan olvidado como serlo. Sé que nunca voy a llegar a conocerte, o que
quizá nunca sepa si ese es tu verdadero nombre, o cual te corresponde, pero si
tuviera que describirte sólo con palabras serías un poco de todo, y un mucho de
nada. Aunque a veces, te dejas llevar y olvidas qué has sido y qué quieres ser.
Te he escuchado decirle a otras vidas -artistas, como tú- que quieres cambiar a
muchas otras más; aunque eso sea implicarse demasiado. Y aunque demasiado nunca
fuese tu palabra favorita.
Has tardado años en aprender a querer de una manera
consciente.
Has hecho daño, y lo sabes. Has mirado con los ojos de quién
no conoce y también con los de quién no quiere conocer; y aún así, mírate. Sal
ahora por el pasillo y corre hacia el baño como has hecho cientos de veces
llorando. Pero esta vez, sonríe.
Deja de jurar que no vas a volver a confiar en quién más
daño te ha hecho y admite que por mucho tiempo que pase, lo que ha estado vivo
de verdad, nunca muere.
Has hecho muchos planes para uno, y eso no quiere decir que
no pueda haber un dos. Has conocido gente que para bien o para mal te ha dejado
ver un trocito de su vida, y eso te ha hecho crecer, aprender, valorar.
Yo creo que somos artistas y libros a la vez, y a veces
esperamos a que alguien nos encuentre en una biblioteca y nos desnude o nos
abrace, o nos jure un ‘toda la vida’. Esperamos que nos lea y nos dejamos leer.
Y dejamos que nos escriban a la vez que atrapamos esa vida que ha decidido
encontrarnos. ¿Y tú Lucía, cuántas vidas llevas ya? Creo que llevas tantas
vidas como miedos, y que es hora de dejar de temer ya. Aún así, admito que me
encanta cuando corres hacia el espejo, de nuevo, y te miras sonriendo e incluso
llorando de felicidad porque por primera vez en tu vida las cosas te salen de
ese modo que tanto te gusta. Por primera vez te sientes orgullosa de ti y no te
importa si alguien más comparte eso. Aunque no me veas, yo siempre lo comparto
contigo. Y aunque no sea la primera vez que ocurre, para mí cada vez, es siempre
tan preciosa como única.
Ahora, has tomado esta decisión, -aunque cada día tomes
cientas, todavía no entiendo porqué a algunas les das más importancia- la de
desprenderte de tus malos hábitos. La de desaprender algo tan importante como
pueda ser querer a una persona. Tu decisión no basa en coger trenes que te
lleven lejos, porque has aprendido a cerrar los ojos. Has aprendido a crear
mundos.
Por último, quería recordarte que aprecio tu constancia, y tu
manera de ser capaz de hablar conmigo de esta manera tan directa aunque irónica;
pues a veces, no sólo necesitamos que nos recuerden todas las veces que
tropezamos. Yo sé, que a veces tú, necesitas que alguien te diga que estás
haciendo algo bien.
Tú, que no quieres que te quieran, solo quieres que te
abracen.
VII
No hay comentarios:
Publicar un comentario