Sueño con mañanas de domingo ahogando a la presión, por no
dejar que ésta me ahogue a mí. Con verme tirada en la cama rescatando fotos de
momentos que matan y matándolos yo a ellos. Recortándolos, y dejando sólo lo
que duele. O derramando el café encima, no sé porqué. Haciendo hogueras en la
nieve y quemando la ropa porque pesa, o porque empieza el año nuevo y hago como
que me importa. Empezarlo escribiéndome propósitos de mierda guardados en el
bolsillo del pantalón que posteriormente quemaré; para que se note que me
importa. Quemarme las manos y arrojarme piedras a mis propias ventanas, para
dejar que pase el aire y nos cale hasta los huesos. Ya ves, dos de tres luces
fundidas, y cenar en el suelo; decir que no pasa nada, rescatar sonrisas,
miradas, y hacer buena cara. Ponértela y salir. De eso se trata.
A veces, en esas mañanas de domingo soy yo quién se ahoga
bajo el colchón. Para que luego digas que no te avisé.
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