Deshójame, por favor.
Deshójame las marchitas en otoño, mientras maldigo a la
primavera por no tratar con rosa, amapola, ni margarita. Ábreme las ramas, y
dime que mi nombre no está mal.
Hace horas que no sonrío y nadie sabe por qué. El por qué es
sólo una excusa, y yo he dejado de esconderme entre los árboles para
convertirme en uno. Sin hojas y de ramas huecas como los huesos que me he
vendido por estar contigo, amor.
Tú eres el fin de muchos, y el principio camuflado en unos
ojos que devoran con la mirada. Tú eres el fin de las noches , y el principio
del insomnio; de mis horas desordenadas y del tiempo que se queda en nada. Tan
frío como cálido en mis noches turbias, tan inestable como mi cuerpo en ruinas.
No sé.
Y tú sabes que no es así.
Desvívete, por favor.
Desvívete por quererte cuando yo no pueda hacerlo, y déjame
una vida cuando se agote la que tengo. Tú sabes que las gasto con facilidad.
Convénceme. Convéncete.
No me des tiempo e instálate, como la gripe, como mis putas
ganas de gritar que no puedo. Deshójame las marchitas en otoño, y échame un
polvo cuando no me quieras para más. Dibújame alas en la espalda y enciérrame
bajo tu pecho, traidor.
Róbame lo poco que me queda de ti.
Que me debo siete vidas, que le debo un abrazo al fin del
mundo y un baile a la vida, por darle un beso a la muerte y disfrazarse de ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario