martes, 15 de abril de 2014

Jane's escape

Puedo decir que la noche ya no pesa, que aunque me cuesta todavía respirar, me basta con cerrar los ojos para saber que todo está bien. Y abrirlos después, y ver cientos de árboles que hacen sombras en tus rodillas; tantas hojas simulando jaulas. Puede ser que ya no quede libertad. Es probable que cerrando los ojos, la noche sí que pese y te sientas pequeño pero, sólo es cuestión de no tener miedo, de afrontar las jaulas y los baches, de curarse las cicatrices uno mismo, incluso las ajenas; con besos, con caricias. Y recogerte el pelo, y seguir hacia delante con la mirada firme, con los ojos abiertos. Ya sabes, sin miedo. Aunque lo haces a escondidas -ya sabes, fijar tus ojos en mis manos, vacías-. Nos duele, nos hacemos daño. Somos ahora lo que llevamos vidas evitando.


No puedes rendirte, no queda tiempo. Eres la evidencia de todos los defectos que has intentado esconder bajo la mirada; y no dices nada. Te muerdes los labios y a veces sangras por dentro porque a nadie le importa qué pueda sangrarte, sólo buscan culpa y esta vez tú eres el culpable. Pero no te preocupa, porque puedes cerrar los ojos; todavía. Intentas escribir y sientes que esta vez es el papel quien te rompe a ti en dos mitades, sientes que te clavan la pluma y te marcan de por vida. Con etiquetas, sin libertad. Ya no nos queda libertad exterior y viajar puede no ser maravilloso, si estás atrapado en otra parte. Y ver amanecer puede no ser lo que esperabas, porque cuando algo empieza, siempre acaba.

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