domingo, 22 de junio de 2014

blind

No escribo poesía, porque poetas ya encuentro demasiados. No escribo por amor, porque la vista se me nubla cuando bebo y mi pulso se reduce a un par de garabatos ilegibles. La primavera es una mierda, y todas las mujeres con las que he pasado noches en el suelo bebiendo vino de mierda, han resultado ser el tacto más frío que jamás alguien ha podido sentir. Más frío que un invierno en Finlandia, que pasar una noche a solas en la calle, mientras llueve. Juro que odio la puta primavera. Su alergia, sus flores, sus dignas mujeres cálidas que te consumen lentamente, que te dedican párrafos de mierda que han leído previamente en la novela de un fracasado escritor de novelas juveniles dónde todo es posible si crees en la soberana mentira del amor. Todo lo que roza primavera consume. Ahora, mis putas mujeres frías, que te dejan helado con  sólo mirarte y que cada ínfimo detalle de su piel te hace perder los sentidos. Mis putas mujeres frías que no hacen preguntas y sin embargo tienen todas las respuestas al olvido. Que me hacen perder el equilibrio con sus piernas, mis putas mujeres frías, que no creen en el invierno ni en ninguna estación. Que tienen la mirada perdida, pero siempre saben encontrarme. No escribo poesía porque nunca llegaríais a entender esto. La poesía es una mierda y los poetas, ilusos mentirosos que [di]simulan su desilusión con versos de esperanza. Que no se resignan, que no aceptan la frustración de estar ligado a algo o a alguien, venden su cuerpo y exhalan el humo de un cigarrillo que no se consume. Necesitan ser libres, pero escriben. Insatisfechos idealistas, que morirán creyendo que durante al menos un segundo, salvaron vidas en pos de destruir su mundo.

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